Siempre he sido una miedosa. Miedo a la oscuridad (que largo me parecía el pasillo de casa de mis padres), miedo al terror (hay muy famosas peliculas que no he visto, ni pienso verlas), miedo escénico (mi corazón latiendo mientras interpretaba "Historia de una escalera").Todos esos miedos, la edad, la vida, las experiencias, los van transformando en sensaciones desagradables, pero pasajeras.
Casi todas las tardes, mientras me deleito mirando los colores del atardecer, no puedo dejar de pensar en esos miles de pajaros que me persiguen y se paran también cuando un semaforo rojo detiene mi marcha. Y los escuchas gritar, y ves sus picos negros y puntiagudos pelearse por un trozo de alimento, y los grandes persiguiendo a los chicos, y vuelan las rapaces entre ellos. Cuantas noches de pesadillas me hizo pasar el Sr. Hitchcock.
Miedo el que tiene Cristina cuando vemos una ardilla por la calle, pues piensa que la podemos atropellar. Para mi es una sensación desagradable el contemplar sus cuerpos aplastados por las ruedas de los coches. Aqui se atropellan ardillas. Dentro de unos años, ya se habran extinguido. Como en España; no quedan ardillas, porque ya los romanos empezaron a atropellarlas con sus carros. En España sí que tenemos historia. Pero otro dia hablaré de las ardillas y de Calvino.
Era miedo. Miedo el comprobar cómo nos empezinamos en vivir una vida cómoda, nosotros, cuando a nuestro lado hay tanta gente que no puede ni vivir su vida, en muchos casos se le ha entregado una vida sin vida.
Miedo el ser cómplice de la pantomima que supone la presidencia del mundo, (ay McCain!, Ay Obama! ) cuando la prepotencia que muestra el gigante americano con sus vecinos del sur, es tán alarmante como perdonable para las buenas gentes de Europa. ¿De qué nos sirve sentirnos origen de la civilización moderna, cuando somos sordos, ciegos, cojos , mancos y mudos delante de nuestro admirado engendro?
Eso si que da MIEDO.
Y como ya he dicho, el miedo, con el paso del tiempo, se transforma en sensaciones.







